martes, 17 de julio de 2012

¿Qué hemos hecho para merecer esto?


Me permito la licencia de tomar, modificándolo, el título de una de las mejores películas de la factoría almodovariana de los 80 en la que Carmen Maura encarnaba a una sufrida (y enganchada) ama de casa que debía convivir, además de sobrevivir, con una serie de personajes nefastos y grotescos que hacían de su vida cotidiana un verdadero infierno.
Los españoles llevamos varios meses en los que no hay día en que las noticias económicas, el empeoramiento de la situación, el empobrecimiento generalizado, el recorte sistemático de derechos y de prestaciones, no marquen el acontecer penoso que nos está deprimiendo a pasos agigantados. El estado general de indignación, de cabreo, se palpa en cualquier lugar. Los funcionarios se echan a la calle, los mineros recorren centenares de kilómetros, en las colas de la panadería no se habla de otra cosa.
Lo curioso es que los indignados son todos, unos y otros, hayan votado al partido que hayan votado. Aunque la indignación la llevaba cada uno a su manera según sus preferencias políticas. En la última legislatura del PSOE, Zapatero era el culpable de todos los males que nos aquejaban a los españoles, especialmente para los de derecha de toda la vida. A ellos se unieron los indignados de la izquierda extrema, los abstencionistas,….y llegó el PP. Los sindicatos fueron especialmente cautos en esa época.
Ahora es la derechona la que protagoniza los males. Algún amigo mío “rojeras” ha llegado a decirme que si Franco levantara la cabeza se moriría de satisfacción al ver que éstos continúan con el atado y bien atado. Los sindicatos se sienten también más libres para atacar a la derecha y a la patronal que los empuja.
Yo , que quieren que les diga, pienso que el problema es más profundo y sus raíces hay que buscarlas en estos últimos 30 años. El pasado fin de semana, precisamente, el profesor de Sociología José Antonio Gómez Yáñez respondía a la pregunta “¿Cuándo se gripó España?”. Nos dice que a principios de los 80 con la reforma del sistema de elección del CGPJ, la reforma de las Cajas de Ahorro, entregando el 89% de sus asambleas a partidos y sindicatos empezó a desbordarse todo. Continuó ese proceso con la elección parlamentaria o por el Gobierno de las comisiones reguladoras de los mercados, del Tribunal de Cuentas, la propuesta al CGPJ por las Asambleas Autonómicas de candidatos a los Tribunales Superiores de Justicia de las comunidades, la financiación por múltiples vías a partidos y sindicatos, la creación de montones de organismos y un largo etcétera que ha provocado la combinación de esta omnipresencia de la política con una larga expansión económica y con la creación de 17 administraciones autonómicas que ha provocado la suma de altos cargos y parlamentarios autonómicos y el crecimiento de empleados públicos y organismos vinculados a la política dentro de un sistema falto de democracia interna en los partidos que mantienen así su oligarquía bien alimentada.
En definitiva, una mezcla de las cuentas públicas, con un déficit galopante del que todos son responsables, con un descalabro en las cuentas privadas de unas entidades financieras malgobernadas por políticos excedentes y recolocados que han llevado a esta situación de asfixia económica al país que nos son capaces de reconducir por que no entran en las verdaderas soluciones. No puede haber 17 de todo (como repite hasta la extenuación Rosa Díez), hay que acabar con un sistema que mantiene a casi 500.000 políticos (300.000 más que un país como Alemania, por ejemplo). Todo ello en este sistema perfecto (para ellos claro) de bipartidismo de alternancia pero no de alternativa.
A ello se une la falta de responsabilidad de todo tipo de los gestores de las entidades financieras. Nadie (porque todos los partidos y sindicatos estaban en el Consejo de Administración) ha sido capaz de levantar la voz contra ellos. Bueno, alguien sí, UPyD, que con su querella contra los directivos de Bankia abre la puerta a la depuración de responsabilidades que desean los españoles.
En la película que mencionaba al comienzo del artículo, Carmen Maura termina con quien le está provocando su inmerecida vida a golpe de hueso de jamón combinado con sus conocimientos de artes marciales.
El camino para no seguir mereciéndonos esto lo deberíamos tener claro los ciudadanos. El problema es que nos instalemos de nuevo en el frentismo que convierte a unos y otros en hinchas que acusan a “los otros” de los males que todos han provocado.
Estos días, el gran Pérez-Reverte la ha liado en las redes sociales manifestando ideas parecidas a las que expongo. Esperemos que lo que el manifestaba en uno de sus tuits no siga cumpliéndose: “El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.”